El periódico más importante de Irlanda hace este duro análisis sobre lo que está pasando en el PSOE de Sánchez.
Habla de una forma muy contundente.
El Partido Socialista Obrero Español (PSOE), bajo el liderazgo de Pedro Sánchez, atraviesa uno de los momentos más delicados de su historia reciente.
Los últimos meses han estado marcados por una sucesión de escándalos que han golpeado la credibilidad del partido y han puesto en jaque la estabilidad del Gobierno.
La situación ha trascendido las fronteras nacionales y ha llegado a la prensa internacional, como demuestra el reciente análisis publicado por The Irish Times, uno de los periódicos más influyentes de Irlanda, que ha dedicado un extenso artículo a la crisis interna del PSOE.

La publicación irlandesa, fundada en 1859 y con una audiencia semanal que supera el millón de lectores, ha puesto el foco en los casos de acoso sexual que han salpicado a varios cargos socialistas en distintos puntos de España.
El periodista Guy Hedgecoe, autor del artículo, subraya la gravedad de las acusaciones y el impacto que han tenido en la imagen de un partido que históricamente ha enarbolado la bandera del feminismo y la defensa de los derechos de las mujeres.
El caso más reciente y mediático es el de José Tomé, presidente del PSOE en la diputación provincial de Lugo, quien se vio obligado a dimitir tras las denuncias de seis mujeres militantes y exmiembros del partido.
Las acusaciones, detalladas por The Irish Times y confirmadas por diversas fuentes nacionales como El País y El Mundo, incluyen tocamientos, ofertas de trabajo a cambio de favores sexuales y el envío de fotografías explícitas.
La reacción del partido fue inmediata, pero la dimisión de Tomé no ha conseguido frenar la ola de indignación ni acallar las voces críticas que exigen una investigación exhaustiva y medidas ejemplares.
Este escándalo se suma al de Francisco Salazar, estrecho colaborador y asesor principal de Pedro Sánchez, que en julio pasado tuvo que abandonar su cargo tras reiteradas quejas de compañeras por comportamientos de acoso.
La gestión del caso por parte del partido ha sido objeto de críticas, ya que, según reveló la prensa internacional y nacional, el PSOE no logró contactar con las denunciantes durante varios meses, lo que ha alimentado la percepción de opacidad y falta de sensibilidad ante estas situaciones.
La crisis se agravó aún más cuando se supo que Antonio Hernández, asistente de Salazar, fue despedido esta semana por supuestamente facilitar las acciones de su jefe y tratar de protegerlo de ser investigado.
Este tipo de maniobras internas han generado un profundo malestar en las filas socialistas y han puesto en evidencia la existencia de dinámicas de poder y protección que chocan frontalmente con los principios éticos y políticos que el partido dice defender.
La indignación por estos casos de acoso se ha visto amplificada por el contexto político general, marcado por la debilidad del Gobierno y el colapso aparente de su mayoría parlamentaria.
The Irish Times señala que existe una “inquietud creciente” dentro del PSOE, que se suma a los numerosos problemas de gestión y gobernabilidad que enfrenta el Ejecutivo de Sánchez.
La pérdida de apoyos en el Congreso y las dificultades para sacar adelante iniciativas clave han dejado al Gobierno en una posición de vulnerabilidad, expuesto tanto a la presión de la oposición como a las críticas internas.
Pero los escándalos de acoso no son el único frente abierto para el PSOE.
La sombra de la corrupción vuelve a planear sobre el partido, con dos figuras emblemáticas en el centro de la polémica: José Luis Ábalos y Santos Cerdán.
Ambos serán juzgados por su presunta implicación en una red masiva de sobornos, según han confirmado fuentes judiciales y medios como El Confidencial y El Diario.
Cerdán ha dimitido de su cargo, aunque insiste en su inocencia, mientras que Ábalos también ha negado cualquier responsabilidad penal.
Sin embargo, la magnitud de la trama y la implicación de altos cargos han generado una sensación de crisis institucional que amenaza con erosionar aún más la confianza de la ciudadanía en el partido y en el sistema político.
La reacción de Pedro Sánchez ante esta sucesión de escándalos ha sido medida y calculada.
El presidente ha intentado mantener la calma y proyectar una imagen de control, apelando a la presunción de inocencia y a la colaboración con la justicia.
Sin embargo, la presión mediática y social es cada vez mayor, y la oposición ha aprovechado la coyuntura para exigir explicaciones, depuración de responsabilidades y la adopción de medidas contundentes para erradicar cualquier tipo de comportamiento indebido o corrupto en las filas socialistas.
En este contexto, la prensa internacional ha subrayado la paradoja que enfrenta el PSOE: un partido que ha hecho del feminismo y la lucha contra la violencia de género una de sus señas de identidad, pero que ahora se ve sacudido por denuncias de acoso y por la percepción de que no ha actuado con suficiente diligencia para proteger a las víctimas y castigar a los culpables.
Esta contradicción ha sido especialmente señalada por organizaciones feministas, que han exigido al partido y al Gobierno que pasen de las palabras a los hechos y que adopten políticas efectivas para prevenir y sancionar cualquier tipo de abuso.
La crisis interna del PSOE se produce en un momento de máxima tensión política en España.
La fragmentación parlamentaria, la polarización social y el desgaste acumulado tras años de gobierno han generado un clima de incertidumbre y desconfianza.
Los escándalos de acoso y corrupción no solo afectan a la imagen del partido, sino que ponen en cuestión la capacidad del Gobierno para liderar el país y responder a los desafíos sociales y económicos que enfrenta la sociedad española.
En las últimas semanas, la presión sobre Sánchez y su equipo se ha intensificado.
Los medios de comunicación han dedicado amplios espacios a investigar y analizar los casos de acoso y corrupción, mientras la oposición ha incrementado su ofensiva parlamentaria y mediática.
Los socios de gobierno, como Sumar y otros partidos de izquierda, también han expresado su preocupación y han exigido transparencia y responsabilidad, conscientes de que el desgaste del PSOE puede arrastrar a todo el espacio progresista.
La respuesta del partido ha sido desigual. Mientras algunos dirigentes han defendido la necesidad de esperar a que la justicia actúe y han apelado a la presunción de inocencia, otros han reclamado cambios profundos y una revisión de los protocolos internos para prevenir y sancionar el acoso.
Las bases militantes, por su parte, han mostrado su descontento y han exigido una mayor implicación de la dirección en la defensa de los valores feministas y en la lucha contra la corrupción.
El futuro inmediato del PSOE y del Gobierno de Pedro Sánchez es incierto.
La capacidad de reacción ante los escándalos, la transparencia en la gestión de las denuncias y la firmeza en la adopción de medidas correctivas serán determinantes para recuperar la confianza de la ciudadanía y para garantizar la estabilidad institucional.
Los casos de acoso y corrupción han puesto al descubierto las debilidades del sistema y han evidenciado la necesidad de reformas profundas en la cultura política y en los mecanismos de control interno.
En definitiva, la crisis que atraviesa el PSOE es mucho más que una sucesión de escándalos individuales.
Es el reflejo de una transformación social y política que exige nuevas respuestas y una mayor exigencia ética.
El partido que ha liderado la modernización de España y la defensa de los derechos sociales se enfrenta ahora al reto de renovar sus estructuras, fortalecer sus principios y demostrar que está a la altura de las expectativas de una sociedad cada vez más crítica y exigente.
El artículo de The Irish Times es un síntoma de la internacionalización de la crisis y de la atención que despierta en el extranjero la evolución política de España.
La mirada externa, libre de las dinámicas partidistas nacionales, permite comprender la magnitud del problema y la necesidad de actuar con rapidez y contundencia.
La reputación del PSOE, y por extensión la del Gobierno de Sánchez, está en juego, y solo una respuesta clara, transparente y firme podrá evitar que la crisis se convierta en una fractura irreversible.
La sociedad española observa con atención y espera respuestas.
El futuro del PSOE dependerá de su capacidad para afrontar la crisis, aprender de los errores y construir un proyecto político basado en la honestidad, la igualdad y el respeto a los derechos fundamentales.
El reto es enorme, pero también lo es la oportunidad de demostrar que la política puede estar al servicio de la ciudadanía y de los valores democráticos que han guiado la historia de España en las últimas décadas.